Por ahí dicen que cada uno tiene un aura específica, especialmente basada en el estado de ánimo de la persona… Personalmente, no creo en ello, por lo que aclaro que esta entrada no se define en esa “teoría”. Hoy, finalmente me dedico a escribir después de un largo retiro porque ha vuelto la seguridad en mi después de varios acontecimientos. Volveré a ser rojo carmín. Por ahora, puedo decir que me he sentido gris por un largo, largo tiempo; me atrevo a afirmar que el problema de muchas relaciones ha sido que una de las personas se vuelve gris. Todo inicia muy bien, posiblemente algún color que llame la atención ¿un amarillo tal vez? Escojan ustedes el color que vean entre muchos otros y atraiga su interés. Luego, cuando lo ven más de cerca, puede empalidecer, pero si tienen mucha suerte podría acentuarse.

¿Por qué estoy hablando de colores? ¿Por qué definir los sentimientos como diferentes espectros de luz? Pues bien, la verdad es que no tiene mucha ciencia. El gris, por su naturaleza, es un color que siempre he considerado como neutro, es el color que en la vida real más desapercibimos. No puedo dar una constancia científica sobre ello, pero lo he notado. Antagonizando este papel, hay otros que más bien son más apreciables, como lo son los fosforescentes. Entonces, al decir que alguien se vuelve gris, se puede interpretar como que ha perdido la importancia o la trascendencia en la relación, lo que irremediablemente conlleva a la “no relación”.

Uno sabe cuando es gris… Y uno sabe lo que detesta ese sentimiento. De hecho puedo afirmar que todas las personas involucradas emocionalmente con otras buscan la manera de no ser grises ante su pareja, es lo normal ¿no? Tememos tanto pasar de ser un rojo a otro color más pálido… Porque duele. Duele pasar de ser un espectro fulminante a ser uno no tan llamativo, y duele aún más llegar a ser uno gris y comprobarlo día a día. Es cuando sabemos que responder “sí” o “no” realmente no es trascendental, cuando una decisión importante realmente no es tan interesante, cuando un saludo o una despedida es lo mismo a lo largo del día… Cuando un mal trato es igual que decir palabras de cariño.

Sí… Todos odiamos ser grises para aquellos a quienes nos importan. Desgraciadamente, a veces no podemos volver a ser aquel color que fuimos para aquella persona en algún momento, pero no hay más que pensar que posiblemente, entre tantos colores que vemos cada día, encontremos alguno que nos llamará la atención de nuevo y que posiblemente nos vea aún más fulminantes que el anterior… Y ¿por qué no? Tal vez hasta tengamos la suerte de que nunca nos llegue a ver grises…

Tendemos a tener expectativas para nuestra vida en general, ya sea para el trabajo, para lo material y por su puesto para la persona a quien lleguemos a amar para toda la vida. Me parece que la búsqueda de esta última no se da sino hasta que se adquiere cierta madurez (o edad), pero no podemos negar que las relaciones que tenemos antes son varios “borradores del escrito final”, los cuales posiblemente incluyan muchas de las expectativas que poseemos para ese importante rubro de nuestras vidas, pero ¿cuántas? ¿Cuántas características de la idea original debe de tener cada relación?

Tomando como una obviedad la relación cantidad-cualidad, puedo asegurar que cada vez que consideramos a otra persona como un(a) posible candidato(a), evaluamos primero que nada si ésta posee lo que esperamos para el resto de nuestra vida. Si decidimos dar un paso adelante y empezar una cercanía emocional, nos daremos cuenta de si es quien buscábamos o no, de si cumple con todos los rubros específicos que habíamos establecido con anterioridad. Es importante aclarar que no me refiero a las cuatro características primordiales mencionadas en “Caballeros de Fantasía”, sino a ciertos detalles que si bien no son tan importantes, de vez en cuando son destacables.

Es aquí en donde entra la polémica; si nos satisface al 100% (lo cual naturalmente imposible), suenan las campanas matrimoniales por así decirlo; pero ¿qué sucede si las expectativas no son cumplidas? ¿Si la relación existente es diferente a la idea original en ciertos detalles? He ahí el momento de evaluar ciertas opciones y posibilidades. Puede ser que la idea nueva llegue a ser mejor que la anterior, pero muchas veces sabemos exactamente lo que queremos, y si esto no está ahí ¿qué sucede?

Tomar una decisión sobre una relación con porcentajes es realmente difícil, sobretodo cuando hay que tomar en cuenta el factor calidad, pero no es secreto para nadie que encontrar un 100% de las expectativas es imposible, ya que la vida no es desear y obtener. También es importante tomar en cuenta que cambiar esos detalles para obtener los resultados deseados es simplemente egoísta y no ejemplifica el amor en toda su magnitud. Por ahí dirían que amor verdadero sería aceptar a la otra persona como es, pero negarse la felicidad y plena comodidad propia es demasiado generoso como para ser una relación de dos y no de uno. Entonces, a fin de cuentas terminamos preguntándonos ¿será mejor mantenernos con nuestra idea original y seguir buscando o sería más conveniente resignarse a algunas expectativas y aceptar la idea nueva?

Siempre tomamos riesgos, de ello se trata la vida. Aunque no seamos aficionados de los casinos, día a día apostamos con cada decisión que tomamos. Los riesgos son una de las diversas causas del por qué nuestra vida es emocionante; sin embargo, cuando perdemos sentimos que es todo lo contrario, sobretodo si lo que apostamos fue lo mejor de nosotros. Casualmente esto último se pone en juego en ciertos ámbitos, sobretodo en uno en especial. Después de mi rompimiento más reciente me di cuenta de que tirarse de un columpio de circo es la analogía exacta y precisa para describir el inicio de una relación. Lo divertido de esta comparación es que las pequeñas diferencias entre ambas hace que le preste un mayor detalle a las características de la segunda.

Cuando se empieza a aprender el arte del malabarismo, corremos con la agraciada posibilidad de tener una red de seguridad que nos resguardará en caso de que el salto no salga bien. Vale la pena vivir la emoción y la adrenalina a la hora del desenlace de la acción, pero ¿tenemos una opción segura a la hora de iniciar un vínculo amoroso con otra persona? La respuesta sin duda alguna es… No. Siempre apostamos, los individuos más apasionados lo dan todo, otros prefieren no arriesgar tanto; pero de todas maneras el porcentaje es mayor si el interés posee grandes proporciones. La ilusión, el amor correspondido, los gestos de cariño, la compañía, la comprensión… Todo eso vale el  cuando nuestro ser ha encontrado a alguien que le hace dar lo mejor de sí, pero desgraciadamente podemos caer (muchos lo hemos hecho) y el golpe es duro sin una malla que anule el impacto.

Entonces es donde nos preguntamos si realmente valió la pena, si el esfuerzo y el tiempo fueron ameritados. Tal vez la idea de perderlos no es lo que lastima, sino el colapso de las ideas e ilusiones que llenaron esos espacios en donde nuestra mente tiende a soñar. ¿Cómo saber si estamos listos para saltar de nuevo? Permitir la adrenalina fluir con nuestra sangre y tomar el riesgo una vez más… Vivir una hermosa experiencia que podría convertirse en largas semanas de dolorosos intentos de olvido…

Es en este momento cuando llego a una única conclusión en donde me doy cuenta de que definitivamente caer sin una red nos hiere, pero termino preguntándome ¿qué pasaría si nuestro salto fuera lo suficientemente satisfactorio como para llegar al otro columpio?

Oferta y demanda. ¿No es éste el modelo que domina la economía actualmente? Viéndolo desde una perspectiva demasiado simple se puede decir que el precio de un producto depende de la oferta y la demanda del mismo. Siempre que pienso en este sistema de mercadeo se me viene a la mente un diamante. Esta piedra preciosa es bastante codiciada por los consumidores a pesar de su alto precio, probablemente sea por la estética que ésta confiere, pero ¿no cabe la posibilidad que el mismo precio haga al objeto aún más ambicionado? ¿Cuál es la cualidad especial del diamante que le confiere la particularidad de ser tan deseado? ¿Será la disminuída oferta de éste o serán esas características antes mencionadas?

Curiosamente, nosotros nos manejamos de una manera similar al sistema en un mercado libre y competitivo. Es interesante ver cómo lo que cuesta más obtener es lo que anhelamos (con sus ciertas excepciones) y muchas veces ésto se da a la hora de escoger una pareja. Como lo mencioné en mi artículo anterior, tenemos la tendencia de querer estar con una persona que posea las cualidades que buscamos “por default”; sin embargo, también hay que considerar el factor de “la oferta de la persona”. Ésta última se puede interpretar de muchas maneras, pero para hoy le tengo un significado preciso, el cual se basa en el nivel de disponibilidad de un individuo.

Si bien nos gusta obtener atención de la persona con la que estamos saliendo, demasiada sería tedioso. He notado en numerosas situaciones que a veces tendemos a interesarnos por esas personas que son “indiferentes”. Con ello me refiero a que el grado de interés demostrado de parte una persona hacia otra es inversamente proporcional al de la ruta contraria (evitando los extremos). Si alguien nos muestra que está plenamente interesado en nuestra persona desde un inicio, nuestra actitud más probable será la de “estoy a la ventaja”; pero si nos hace el arte del cortejo más complicado, es posible que nos sintamos aún más atraídos. Aparentemente la opción más viable es la de esconder gran parte de nuestras intenciones.

Entonces, ¿somos tan susceptibles al modelo de la oferta y la demanda que lo aplicamos en nuestras relaciones amorosas? Creo que eso depende más de cada uno, pero a veces la atracción hacia una persona está fuera de nuestras manos, y es donde nos damos cuenta que para nosotros es inevitable manejar el juego con nuestras reglas exclusivamente. Tal vez debamos de caer en cuenta de que esa “cualidad especial” del diamante depende de cada mirada, palabra y gesto del juego, haciéndola así aún más codiciada.

¿Quién no piensa en la maravilla de un hombre apasionado? No nos interesa cuál es el objeto de su pasión mientras que el punto en donde ésta se desencadene llegue a ser nuestra relación. Claro, es inevitable pensar en esas magníficas palabras y muestras de cariño, esos pequeños sacrificios por los que valdríamos la pena, y por qué no un poco de diversión cuando es necesario liberar estrés.

Las solteras sabemos lo que buscamos, pero aún mejor lo que queremos. Aún así tendemos a caer una y otra vez en esas relaciones inconclusas en donde aprendemos poco a poco pero la decepción de haber fallado de nuevo hace que dudemos si valió la pena o no, independientemente de quién haya sido el culpable. ¿Será que estamos buscando un príncipe azul que reviva esos sentimientos e ilusiones que nos regocijaban cuando éramos niñas mientras veíamos una película de Disney?

¿Quiénes son esos caballeros de Disney? Recuerdo que cada vez que miraba uno de esos finales felices pensaba que la vida no podía ser más maravillosa; encontraría a un hombre bien parecido, inteligente, adinerado y locamente enamorado de mi. Qué irónico… Mi primer novio no cumplía ninguna de las cualidades anteriormente mencionadas. Con el tiempo todo fue mejorando, cada compañero iba progresando, pero niguno cumplía las 4 características primordiales. Entonces, ¿será que Disney nos dio una falsa expectativa de los hombres?

Aún seguimos buscando… No hay ningún cuento de hadas en donde el apuesto joven tenga que irse de viaje, encontrarse a sí mismo, alejarse de los suegros u ocurrírsele que tal vez la relación no funciona. Ella siempre llora por factores ajenos al eterno amor que se tiene el uno por el otro; normalmente lo hace por una separación causada por diferencias en sus estilos de vida (una bestia, una sirena, una sirvienta, etc.) que a fin de cuentas terminan siendo insignificantes, pues ellos estaban hechos el uno para el otro. Casualmente fue el primer y único amor de su existencia y “vivieron felices para siempre”. Antagonizando esta historia, nosotras continuamos de relación en relación esperando a que ese salvador aparezca y nos cambie la vida gracias a una zapatilla de cristal. Suena como una idea absurda, pero no podemos negar que esa niña con sus ojos llenos de ilusión sigue viva muy dentro de nosotras a pesar que sepamos que a fin de cuentas las fábulas de Disney eran simplemente, fábulas.

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