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Oferta y demanda. ¿No es éste el modelo que domina la economía actualmente? Viéndolo desde una perspectiva demasiado simple se puede decir que el precio de un producto depende de la oferta y la demanda del mismo. Siempre que pienso en este sistema de mercadeo se me viene a la mente un diamante. Esta piedra preciosa es bastante codiciada por los consumidores a pesar de su alto precio, probablemente sea por la estética que ésta confiere, pero ¿no cabe la posibilidad que el mismo precio haga al objeto aún más ambicionado? ¿Cuál es la cualidad especial del diamante que le confiere la particularidad de ser tan deseado? ¿Será la disminuída oferta de éste o serán esas características antes mencionadas?
Curiosamente, nosotros nos manejamos de una manera similar al sistema en un mercado libre y competitivo. Es interesante ver cómo lo que cuesta más obtener es lo que anhelamos (con sus ciertas excepciones) y muchas veces ésto se da a la hora de escoger una pareja. Como lo mencioné en mi artículo anterior, tenemos la tendencia de querer estar con una persona que posea las cualidades que buscamos “por default”; sin embargo, también hay que considerar el factor de “la oferta de la persona”. Ésta última se puede interpretar de muchas maneras, pero para hoy le tengo un significado preciso, el cual se basa en el nivel de disponibilidad de un individuo.
Si bien nos gusta obtener atención de la persona con la que estamos saliendo, demasiada sería tedioso. He notado en numerosas situaciones que a veces tendemos a interesarnos por esas personas que son “indiferentes”. Con ello me refiero a que el grado de interés demostrado de parte una persona hacia otra es inversamente proporcional al de la ruta contraria (evitando los extremos). Si alguien nos muestra que está plenamente interesado en nuestra persona desde un inicio, nuestra actitud más probable será la de “estoy a la ventaja”; pero si nos hace el arte del cortejo más complicado, es posible que nos sintamos aún más atraídos. Aparentemente la opción más viable es la de esconder gran parte de nuestras intenciones.
Entonces, ¿somos tan susceptibles al modelo de la oferta y la demanda que lo aplicamos en nuestras relaciones amorosas? Creo que eso depende más de cada uno, pero a veces la atracción hacia una persona está fuera de nuestras manos, y es donde nos damos cuenta que para nosotros es inevitable manejar el juego con nuestras reglas exclusivamente. Tal vez debamos de caer en cuenta de que esa “cualidad especial” del diamante depende de cada mirada, palabra y gesto del juego, haciéndola así aún más codiciada.


