Siempre tomamos riesgos, de ello se trata la vida. Aunque no seamos aficionados de los casinos, día a día apostamos con cada decisión que tomamos. Los riesgos son una de las diversas causas del por qué nuestra vida es emocionante; sin embargo, cuando perdemos sentimos que es todo lo contrario, sobretodo si lo que apostamos fue lo mejor de nosotros. Casualmente esto último se pone en juego en ciertos ámbitos, sobretodo en uno en especial. Después de mi rompimiento más reciente me di cuenta de que tirarse de un columpio de circo es la analogía exacta y precisa para describir el inicio de una relación. Lo divertido de esta comparación es que las pequeñas diferencias entre ambas hace que le preste un mayor detalle a las características de la segunda.

Cuando se empieza a aprender el arte del malabarismo, corremos con la agraciada posibilidad de tener una red de seguridad que nos resguardará en caso de que el salto no salga bien. Vale la pena vivir la emoción y la adrenalina a la hora del desenlace de la acción, pero ¿tenemos una opción segura a la hora de iniciar un vínculo amoroso con otra persona? La respuesta sin duda alguna es… No. Siempre apostamos, los individuos más apasionados lo dan todo, otros prefieren no arriesgar tanto; pero de todas maneras el porcentaje es mayor si el interés posee grandes proporciones. La ilusión, el amor correspondido, los gestos de cariño, la compañía, la comprensión… Todo eso vale el  cuando nuestro ser ha encontrado a alguien que le hace dar lo mejor de sí, pero desgraciadamente podemos caer (muchos lo hemos hecho) y el golpe es duro sin una malla que anule el impacto.

Entonces es donde nos preguntamos si realmente valió la pena, si el esfuerzo y el tiempo fueron ameritados. Tal vez la idea de perderlos no es lo que lastima, sino el colapso de las ideas e ilusiones que llenaron esos espacios en donde nuestra mente tiende a soñar. ¿Cómo saber si estamos listos para saltar de nuevo? Permitir la adrenalina fluir con nuestra sangre y tomar el riesgo una vez más… Vivir una hermosa experiencia que podría convertirse en largas semanas de dolorosos intentos de olvido…

Es en este momento cuando llego a una única conclusión en donde me doy cuenta de que definitivamente caer sin una red nos hiere, pero termino preguntándome ¿qué pasaría si nuestro salto fuera lo suficientemente satisfactorio como para llegar al otro columpio?