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Tendemos a tener expectativas para nuestra vida en general, ya sea para el trabajo, para lo material y por su puesto para la persona a quien lleguemos a amar para toda la vida. Me parece que la búsqueda de esta última no se da sino hasta que se adquiere cierta madurez (o edad), pero no podemos negar que las relaciones que tenemos antes son varios “borradores del escrito final”, los cuales posiblemente incluyan muchas de las expectativas que poseemos para ese importante rubro de nuestras vidas, pero ¿cuántas? ¿Cuántas características de la idea original debe de tener cada relación?
Tomando como una obviedad la relación cantidad-cualidad, puedo asegurar que cada vez que consideramos a otra persona como un(a) posible candidato(a), evaluamos primero que nada si ésta posee lo que esperamos para el resto de nuestra vida. Si decidimos dar un paso adelante y empezar una cercanía emocional, nos daremos cuenta de si es quien buscábamos o no, de si cumple con todos los rubros específicos que habíamos establecido con anterioridad. Es importante aclarar que no me refiero a las cuatro características primordiales mencionadas en “Caballeros de Fantasía”, sino a ciertos detalles que si bien no son tan importantes, de vez en cuando son destacables.
Es aquí en donde entra la polémica; si nos satisface al 100% (lo cual naturalmente imposible), suenan las campanas matrimoniales por así decirlo; pero ¿qué sucede si las expectativas no son cumplidas? ¿Si la relación existente es diferente a la idea original en ciertos detalles? He ahí el momento de evaluar ciertas opciones y posibilidades. Puede ser que la idea nueva llegue a ser mejor que la anterior, pero muchas veces sabemos exactamente lo que queremos, y si esto no está ahí ¿qué sucede?
Tomar una decisión sobre una relación con porcentajes es realmente difícil, sobretodo cuando hay que tomar en cuenta el factor calidad, pero no es secreto para nadie que encontrar un 100% de las expectativas es imposible, ya que la vida no es desear y obtener. También es importante tomar en cuenta que cambiar esos detalles para obtener los resultados deseados es simplemente egoísta y no ejemplifica el amor en toda su magnitud. Por ahí dirían que amor verdadero sería aceptar a la otra persona como es, pero negarse la felicidad y plena comodidad propia es demasiado generoso como para ser una relación de dos y no de uno. Entonces, a fin de cuentas terminamos preguntándonos ¿será mejor mantenernos con nuestra idea original y seguir buscando o sería más conveniente resignarse a algunas expectativas y aceptar la idea nueva?


