Tendemos a tener expectativas para nuestra vida en general, ya sea para el trabajo, para lo material y por su puesto para la persona a quien lleguemos a amar para toda la vida. Me parece que la búsqueda de esta última no se da sino hasta que se adquiere cierta madurez (o edad), pero no podemos negar que las relaciones que tenemos antes son varios “borradores del escrito final”, los cuales posiblemente incluyan muchas de las expectativas que poseemos para ese importante rubro de nuestras vidas, pero ¿cuántas? ¿Cuántas características de la idea original debe de tener cada relación?
Tomando como una obviedad la relación cantidad-cualidad, puedo asegurar que cada vez que consideramos a otra persona como un(a) posible candidato(a), evaluamos primero que nada si ésta posee lo que esperamos para el resto de nuestra vida. Si decidimos dar un paso adelante y empezar una cercanía emocional, nos daremos cuenta de si es quien buscábamos o no, de si cumple con todos los rubros específicos que habíamos establecido con anterioridad. Es importante aclarar que no me refiero a las cuatro características primordiales mencionadas en “Caballeros de Fantasía”, sino a ciertos detalles que si bien no son tan importantes, de vez en cuando son destacables.
Es aquí en donde entra la polémica; si nos satisface al 100% (lo cual naturalmente imposible), suenan las campanas matrimoniales por así decirlo; pero ¿qué sucede si las expectativas no son cumplidas? ¿Si la relación existente es diferente a la idea original en ciertos detalles? He ahí el momento de evaluar ciertas opciones y posibilidades. Puede ser que la idea nueva llegue a ser mejor que la anterior, pero muchas veces sabemos exactamente lo que queremos, y si esto no está ahí ¿qué sucede?
Tomar una decisión sobre una relación con porcentajes es realmente difícil, sobretodo cuando hay que tomar en cuenta el factor calidad, pero no es secreto para nadie que encontrar un 100% de las expectativas es imposible, ya que la vida no es desear y obtener. También es importante tomar en cuenta que cambiar esos detalles para obtener los resultados deseados es simplemente egoísta y no ejemplifica el amor en toda su magnitud. Por ahí dirían que amor verdadero sería aceptar a la otra persona como es, pero negarse la felicidad y plena comodidad propia es demasiado generoso como para ser una relación de dos y no de uno. Entonces, a fin de cuentas terminamos preguntándonos ¿será mejor mantenernos con nuestra idea original y seguir buscando o sería más conveniente resignarse a algunas expectativas y aceptar la idea nueva?



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Febrero 8, 2009 a 5:42 pm
死んでいる
Buenas noches! Ante todo, permítame felicitarla por el blog. Me parecen excelentes temas de discusión y me encanta la forma en la que se expresa. Podría pasar frente al monitor por horas escribiendo acerca de este tipo de cuestiones y no es común encontrar a una mujer tan joven con la capacidad de pronunciarse de una manera tan bella e interesante.
Borradores? no estoy de acuerdo en lo más mínimo. Suena como a una práctica, a algo que usted hizo nada más para pasar el tiempo mientras llega a su vida la pareja de sus sueños, a algo que no fue real. Las relaciones no son borradores. Un borrador se arranca del cuaderno, se arruga y se desecha pero una relación de pareja, por más dolorosa, frustrante o patética que haya sido, no se debe erradicar nunca, se tiene que mantener siempre presente y se debe dar gracias por ella. Leí los artículos anteriores y la página de agradecimientos y me tomé la libertad de inferir que no es su intención proyectar de esa manera el significado de una relación, sin embargo la comparación, a mi parecer, es horrible. Todas las relaciones son escritos finales.
Otro asunto con el que no concuerdo es que parece que no toma en cuenta a la otra persona. Habla de mis expectativas, mis anhelos, mi esto y mi aquello… pero se trata de amor y en el amor no existe el término “mi”. Si se pasa la vida señalándole a sus parejas: es que yo busco esto, es que yo necesito aquello, es que yo quiero tal cosa; que van a poder hacer ellos?
Supongamos que encuentra la satisfacción al 100%, al “amor de toda su vida”, e inician una relación. Usted está obviamente feliz porque tiene al lado al hombre que ha deseado desde el día que maduró lo suficiente para desearlo, pero también supongamos que él la considera a usted como un borrador porque no cumples con las expectativas de él, no encajas en ciertos “detalles destacables”. Entonces que pasa? Acaso no lo amas lo suficiente como para cambiar en usted todo lo que a él no le gusta? O es de esas que dice que la tienen que querer tal y como es y como usted es así, entonces él tiene que conformarse y vivir incómodo? Si él es el hombre de sus sueños y usted lo ama, entonces vas a tratar de cambiar para llegar a cumplir con sus rubros. Y porqué razón va a hacer tal cosa? Bueno, porque usted aspira a convertirse en la mujer que él merece. En ese caso usted está tratando de transformarse a sí misma porque usted así lo quiere, no es un acto egoísta de su pareja en su ambición por intentar hacer de usted la mujer ideal que él siempre quiso a su lado.
La cuestión al final del artículo a mi parecer es muy “dicotomíal”: o Príncipe Azul o conformismo? Príncipe Azul suena a imposible y por el otro lado conformismo suena a infelicidad!
Pero, que será mejor???
Creo que lo mejor sera buscar un pequeño puente para superar ese enorme abismo de INFLEXIBILIDAD que separa esos dos senderos…
Marzo 5, 2009 a 6:34 am
aby01
Hola!
Muchas gracias por los halagos, siempre son bien recibidos =)
Ahora, sobre el comentario…
Ciertamente son críticas que valen la pena leer, la verdad veo que entendiste el punto del artículo, y pienso responder a tus ideas en el mismo orden en que las escribiste.
¿Borradores? Posiblemente sí tienes razón en el punto en el que un borrador se arranca de la hoja y se desecha, de hecho me parece bastante lógico que una relación no sea de esa manera, pues como dijiste, queda para toda la vida. ¿Por qué hice la comparación? No quisiera que un borrador se interpretara como un desecho, sino más bien como un medio de crecimiento. Como escritora, he guardado TODOS los borradores de mis cuentos y de mis cartas (tengo un borrador de todas las cartas que le escribí a mis parejas), aunque sea increíble. ¿Por qué será? No sé realmente, simplemente no los puedo arrugar y tirar del cuaderno. Los tengo justo detrás de cada obra (de las que no he entregado como las cartas). Por ello, creo que explico por qué utilicé la comparación.
Por otro lado, sí creo que mis artículos son algo egocéntricos, ya que sí hablo de mis anhelos y mis deseos; pero ¿quién no piensa en ello a la hora de empezar a salir con otra persona? En el momento en el que se da una relación incondicional con la otra persona es el momento en el que hay amor considero yo, y ahí entro en el otro punto. Si es mi “hombre del 100%” y yo tengo que cambiar para poder estar con él… Considero que no es mi hombre del 100%. Probablemente me faltó mencionar el hecho de que ¡considero que cambiar no es una opción si la persona no cree que es algo que le hace un bien para sí misma PERSONAL E INDIVIDUALMENTE! Deseo estar con un hombre que no me pida que cambie para gustarle, sino uno que me acepte como soy, y por ello intento hacer lo mismo con quien esté. No es mi intención decirle a esa persona que sea más estudiosa, educada, extrovertida, delgada, etc. para que la relación funcione ¡Creo que cada uno de nosotros necesita a alguien que nos acepte como somos y a quien nosotros aceptemos como es!
El final del artículo creo que no fue bien interpretado. Alguien importante en mi vida me dijo que la palabra “resignarse” es algo fuerte y tal vez tenga razón. Cuando digo “¿será mejor mantenernos con nuestra idea original y seguir buscando o sería más conveniente resignarse a algunas expectativas y aceptar la idea nueva?” me refiero a ¿será seguir buscando el príncipe azul (o lo más cercano) lo ideal o más bien será mejor intentar aceptar la idea nueva? Tal vez la idea nueva sea mejor, ¿no? Sí puede ser que la palabra “resignarse” da a entender cierta infeliciad, pero quiero aclarar que aún así cabe la posibilidad de que la idea nueva nos haga aún más felices que la original. ¿Será ese el puente que estábamos buscando?